INVERTIR MAXIMOS HISTORICOS

¿Conviene invertir en máximos históricos?

Por qué un máximo histórico no significa que un activo esté caro

¿Y si inviertes hoy... justo antes de una caída?

Es el miedo que tiene casi todo el mundo cuando un activo marca un nuevo máximo histórico.

Muchos deciden esperar "a que corrija". El problema es que esa corrección puede tardar años en llegar... o no llegar nunca.

Mientras tanto, si el activo sigue generando valor, es normal que continúe marcando nuevos máximos.

Entonces... ¿deberías esperar una caída o invertir igualmente?

No todos los máximos históricos significan lo mismo

Un activo puede marcar un máximo histórico por dos motivos muy distintos.

Porque realmente vale más

Una empresa puede aumentar sus beneficios, lanzar nuevos productos o ganar cuota de mercado. Un fondo indexado puede seguir subiendo porque las empresas que lo componen continúan creciendo. 

Incluso una criptomoneda puede aumentar su valor si cada vez más personas la utilizan y su red gana adopción.

Porque el mercado está pagando demasiado

También puede ocurrir que el precio haya aumentado mucho más rápido que el valor real del activo, impulsado principalmente por la euforia y la especulación. En ese caso sí podría existir una sobrevaloración o incluso una burbuja.

Por eso, invertir en máximos históricos no es bueno ni malo por sí mismo.

La pregunta importante no es si el precio está en máximos, sino si el activo sigue teniendo fundamentos sólidos y potencial para seguir creando valor durante los próximos años.

Es inteligente intentar comprar al mejor precio posible, pero un activo de calidad puede pasar años marcando nuevos máximos sin ofrecer grandes correcciones. Por eso, más que intentar adivinar el próximo movimiento del precio, conviene analizar si sigue generando valor y mantiene potencial de crecimiento a largo plazo.

¿Qué ocurre históricamente cuando el S&P 500 marca máximos?

El mercado cae más veces de lo que parece, pero eso no significa que los inversores pierdan dinero a largo plazo.
El S&P 500 ha sufrido descensos del 10 % o más en numerosos momentos de la historia, pero aun así ha cerrado la mayoría de los años con rentabilidades positivas. Desde mediados del siglo XX, aproximadamente 7 de cada 10 años han terminado en positivo, con una rentabilidad media anual cercana al 10 % antes de descontar la inflación.

La diferencia entre quienes consiguen esos resultados y quienes no suele estar en una decisión clave: evitar vender por miedo cuando el mercado atraviesa momentos difíciles.

Dos formas de invertir

Cuando se trata de invertir, muchas personas siguen uno de estos dos enfoques:

Confiar en el crecimiento a largo plazo

El inversor a largo plazo compra activos de calidad y los mantiene durante años.

No intenta adivinar cuál será el mejor día para entrar o salir del mercado. Confía en que el crecimiento económico, la innovación y el paso del tiempo trabajen a su favor.

Aunque el mercado atraviese periodos de caídas, mantiene su estrategia y evita tomar decisiones impulsivas por miedo o euforia.

Intentar anticipar los movimientos del mercado

Otros inversores prefieren esperar a que el mercado caiga para comprar o intentan vender antes de una posible corrección.

El problema es que nadie puede predecir el mercado a corto plazo de forma consistente. Intentar entrar y salir constantemente suele hacer que muchos inversores se pierdan parte de las subidas.

De hecho, estudios como el Quantitative Analysis of Investor Behavior de DALBAR muestran que los inversores que intentan acertar el momento de compra y venta suelen obtener peores resultados que quienes mantienen una estrategia constante. En gran parte, porque las decisiones se toman movidas por el miedo y la euforia en lugar de por un plan de inversión.

DALBAR es una empresa estadounidense de investigación financiera que publica este estudio desde 1994.

El coste de esperar el momento perfecto

Imagina que un inversor decidió no comprar porque su activo favorito estaba en máximos históricos.

Pensó que era mejor esperar una gran corrección antes de invertir.

Sin embargo, los meses pasaron, el activo siguió marcando nuevos máximos y nunca llegó a comprar.

Cuando finalmente decidió entrar, el precio era mucho más alto que cuando empezó a esperar.

Mientras esperaba una oportunidad que nunca llegó, también asumió un coste de oportunidad: dejó de participar en el crecimiento que el activo generó durante ese tiempo.

Esta situación ocurre más de lo que parece.

Ese es el verdadero coste de esperar el momento perfecto. Los mejores días del mercado suelen aparecer precisamente cuando más dudas existen y el sentimiento de los inversores es más negativo.

La siguiente gráfica muestra cómo perderse solo unos pocos de esos días puede reducir de forma muy significativa la rentabilidad obtenida a largo plazo.
Después de grandes caídas, muchos inversores esperan una confirmación de que "lo peor ya ha pasado" antes de volver a entrar. Pero cuando esa confianza vuelve, una parte importante de la recuperación puede haber quedado atrás.

Por eso, intentar adivinar cuál será el mejor momento para invertir suele hacer que muchos inversores se pierdan parte de las subidas, mientras esperan una caída que puede tardar años en llegar o no producirse como esperaban.

No hay una señal mágica que te diga cuándo entrar.

Nadie sabe dónde estará el precio dentro de un mes.

Tampoco dentro de un año. 

Lo que sí podemos hacer es analizar si el activo sigue teniendo fundamentos sólidos y si su valor intrínseco justifica su precio actual.

Si además se trata de un activo de calidad, la historia demuestra que el paso del tiempo suele jugar a favor del inversor. Históricamente, los mercados han superado todas las crisis y han terminado alcanzando nuevos máximos con el paso de los años.

Por eso, el mejor momento para invertir no consiste en intentar adivinar el próximo movimiento del mercado, sino en construir una estrategia basada en la paciencia y la constancia.

¿Y si te da miedo invertir en máximos?

Que invertir en máximos históricos no tenga por qué ser un error no significa que debas invertir todo tu dinero de una sola vez.

Si te preocupa entrar justo antes de una corrección, una alternativa es realizar aportaciones periódicas (conocidas como Dollar-Cost Averaging o DCA). De esta forma compras tanto cuando el mercado sube como cuando baja, reduciendo el riesgo de invertir todo en un único momento.

Lo más importante no es acertar el día perfecto para entrar, sino tener una estrategia que puedas mantener durante años. 

Ahora bien, una buena estrategia no depende solo de cuándo inviertes, sino también de en qué inviertes. Para ello, es fundamental saber cuándo un activo está realmente caro y cuándo su precio está justificado por su valor.

¿Cómo saber si un activo está realmente caro?

No existe una regla que diga que un activo está caro simplemente porque cotice en máximos históricos. Lo importante es comparar su precio con el valor que genera.

Cada tipo de activo se analiza de forma diferente, pero la idea siempre es la misma: determinar si su valoración está justificada por sus fundamentos y su potencial de crecimiento.

Una empresa puede valorarse estudiando sus beneficios, ingresos, deuda o ventajas competitivas.

En cambio, un fondo indexado depende de la calidad y valoración de las empresas que lo componen, mientras que una criptomoneda requiere analizar factores como su adopción, utilidad, oferta y demanda.
Si quieres aprender a valorar una empresa, aquí tienes una guía sobre cómo valorar una empresa.
Por eso, antes de invertir, conviene entender cómo se valora cada tipo de activo y no fijarse únicamente en el precio al que cotiza.

Hoy se habla mucho de lo altos que están los precios de las grandes compañías del S&P 500. Y es cierto: de sus 500 empresas, las 10 mayores del índice representan cerca del 41% del total.

Pero antes de sacar conclusiones, toca comparar con datos reales.

Que un mercado esté caro no significa necesariamente que exista una burbuja. Una burbuja aparece cuando los precios suben mucho más rápido que los beneficios reales de las empresas, impulsados sobre todo por la euforia y la especulación, hasta alcanzar valoraciones difíciles de justificar.

Hoy el S&P 500 cotiza cerca de 30 veces beneficios.

Durante una auténtica burbuja, como la tecnológica de 1996-2000, llegó a cotizar alrededor de 55 veces beneficios, casi el doble.

¿Qué ocurrió entonces?
  • +79% de aumento en beneficios reales.
  • +479% de subida en el mercado.
Hoy estamos lejos de eso:
  • Los beneficios reales han crecido un +77%.
  • El mercado ha subido un +121%.
Esto no significa que el mercado no pueda corregir, pero sí que, comparado con una burbuja histórica, el crecimiento de los precios ha estado mucho más respaldado por el aumento de los beneficios empresariales.

El verdadero riesgo no siempre son los máximos

Invertir en un activo que marca nuevos máximos históricos no implica necesariamente asumir un riesgo excesivo.

En muchos casos, el verdadero riesgo aparece cuando una parte importante de una cartera o de un índice está concentrada en un número reducido de empresas, sectores o regiones.

El S&P 500 es un buen ejemplo de ello. Debido al gran peso que tienen sus mayores compañías, el comportamiento del índice depende en buena medida de que estas sigan cumpliendo las altas expectativas de crecimiento que el mercado descuenta actualmente.

Nvidia, Tesla o Microsoft, por ejemplo, cotizan con valoraciones muy superiores a la media del resto de empresas. Esto significa que los inversores esperan que continúen creciendo con fuerza durante muchos años.

Si esas expectativas no se cumplen, estas compañías podrían sufrir correcciones importantes. Debido a su elevado peso dentro del índice, eso también afectaría al conjunto del S&P 500.

Si, además, coincidiera con una recesión que redujera los beneficios empresariales, las caídas podrían ser todavía mayores. Aunque es un escenario posible, nadie sabe si llegará a producirse ni cuándo.

Por eso, al invertir no solo conviene preguntarse si un activo está en máximos históricos, sino también si su crecimiento está respaldado por fundamentos sólidos, si su valoración sigue siendo razonable y si existe un riesgo excesivo de concentración.

La importancia de diversificar más allá de EE. UU.

Muchas personas invierten únicamente en empresas estadounidenses porque muchas de las compañías más grandes del mundo tienen su sede allí. Además, son marcas que utilizan a diario, incluso viviendo en otros países: Apple, Microsoft, Amazon, Nvidia o Google son algunos ejemplos.

Sin embargo, tras las fuertes subidas de los últimos años, también ha aumentado el miedo a que esas ganancias vayan seguidas de una corrección. Es una preocupación comprensible, especialmente cuando muchas de estas compañías cotizan con valoraciones exigentes.

Aun así, invertir solo porque una región ha liderado el mercado durante los últimos años también implica asumir una mayor concentración. Aunque estas empresas operan a nivel mundial, eso no significa que las mejores oportunidades futuras vayan a encontrarse únicamente en Estados Unidos.

Si prefieres reducir esa dependencia, existen formas de diversificar sin renunciar a una estrategia de largo plazo.

Otras regiones del mundo con potencial

Firmas como Vanguard o Goldman Sachs estiman que mercados como Europa, Japón y los mercados emergentes (países en desarrollo con economías en crecimiento, como India o Brasil) podrían obtener una rentabilidad entre un 20 % y un 30 % superior a la del S&P 500, en términos relativos, durante la próxima década.

Small caps

Las small caps, es decir, empresas de pequeña capitalización bursátil, han quedado muy atrás respecto a las grandes compañías tecnológicas estadounidenses.

Históricamente, cuando se produce una diferencia tan marcada entre ambos grupos, las small caps suelen vivir periodos de recuperación más intensos.

Esperar también tiene un coste: la inflación

La inflación es el aumento generalizado del precio de los bienes y servicios con el paso del tiempo. En la práctica, significa que cada año el dinero compra un poco menos.

Si hay algo que ha ocurrido históricamente es que el euro, el dólar y cualquier moneda fiat han perdido poder adquisitivo con el tiempo debido a la inflación.

Un dato que lo resume todo:
  • El dólar ha perdido alrededor del 99% de su poder adquisitivo desde 1910.
La siguiente gráfica muestra cómo 1 dólar ha ido perdiendo capacidad de compra con el paso de las décadas. Aunque la pérdida anual suele ser pequeña, el efecto acumulado durante muchos años termina siendo enorme.
Como puede observarse, la pérdida de valor no ocurre de un día para otro, sino de forma lenta y constante. Precisamente por eso muchas personas no son conscientes de su impacto hasta que han pasado muchos años.

Esto no significa que debas invertir todo tu dinero ni que el efectivo no tenga utilidad. Tener un fondo de emergencia sigue siendo fundamental. Sin embargo, mantener grandes cantidades de dinero sin invertir durante largos periodos suele implicar una pérdida gradual de poder adquisitivo debido a la inflación.

Por eso, permanecer fuera del mercado esperando el momento perfecto tampoco protege tu dinero. Mientras el efectivo pierde poder adquisitivo, los activos productivos han tendido históricamente a aumentar su valor a largo plazo.

Invertir en máximos históricos no garantiza pérdidas, igual que comprar después de una caída no garantiza ganancias.

Lo verdaderamente importante es diferenciar entre precio y valor. Si un activo sigue generando beneficios, innovación, adopción o crecimiento y su valoración continúa siendo razonable, marcar nuevos máximos puede ser una consecuencia natural de ese progreso.

Intentar comprar siempre en el punto más bajo es una buena intención, pero ese momento muchas veces no llega. Por eso, suele ser más rentable invertir en activos de calidad con potencial de crecimiento que esperar indefinidamente una oportunidad perfecta.

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